Todo depende de Su hablar

La Biblia revela que todo lo que Dios realiza lo hace por medio de Su hablar. El universo entero llegó a existir por la palabra de Dios; Él habló, y fue hecho (Sal. 33:9; Ro. 4:17). No necesitó ningún material con el cual obrar; Él sencillamente habló. Además, Él sustenta y sostiene todas las cosas no con Su obra, sino con la palabra de Su poder (He. 1:3).

En el Antiguo Testamento, Dios habló a los patriarcas y a los profetas, y deseaba que Su hablar alcanzara a generaciones futuras, por tanto inspiró a Sus siervos a escribir Su palabra (2 P. 1:21). Fue en diversas ocasiones que les instruyó diciendo, “escribe en un libro” (Is. 30:8; Ez. 43:11; Hab. 2:2). Sus palabras son tan cruciales para Su obrar que incluso ¡Él mismo escribió!

Y dio a Moisés, cuando hubo acabado de hablar con él en el monte Sinaí, las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra, escritas con el dedo de Dios (Éx. 31:18).

En el Nuevo Testamento Su obra también está completamente relacionada con Su palabra. Primero, el Señor Jesús vino como la Palabra hecha carne (Jn. 1:14) para llevar a cabo la obra de Dios. Él expresó y explicó al Dios que nadie ha visto jamás (v. 18). Posteriormente, los apóstoles realizaron Su obra principalmente por medio de la palabra que predicaron y las epístolas que escribieron. 

En la historia de la iglesia vemos que cuando la Biblia no estuvo accesible a las personas, la obra de Dios no pudo avanzar. Durante un período de diez siglos la Biblia estuvo fuera del alcance de las personas y en un idioma que no podían entender. Sin el resplandor de la Palabra de Dios, la humanidad se encontraba en tinieblas. Sin embargo, mediante la invención de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV y la traducción de la Biblia a otros idiomas, la palabra de Dios nuevamente estuvo accesible a miles de personas. 

Nosotros estamos incluidos en esta maravillosa historia. ¿De qué manera llegó la salvación a nosotros? Fue por medio de la palabra de Dios que un día nos alcanzó (Jn. 5:24). El Señor seguramente usó a alguna persona, nuestra lectura de la Biblia o algún evento para que pudiéramos recibir el evangelio. Más aún, nuestra vida como creyentes y nuestro verdadero progreso espiritual depende enteramente del hablar del Señor, no solamente Su hablar general, sino personal y directo de acuerdo con nuestra situación actual. El enfoque central de nuestras oraciones debería ser el anhelo por el hablar específico del Señor.

Debemos buscar de manera específica este asunto, porque nuestra vida cristiana se basa en este réma [palabra]... Todo el asunto de nuestro crecimiento y progreso depende de nuestra actitud hacia la vida y el réma (La iglesia gloriosa, p. 56).

Finalmente, el hablar directo del Señor a nosotros es lo que nos prepara para ser Su novia gloriosa. De acuerdo a Efesios 5:26-27 es mediante el lavamiento del agua en la palabra que la iglesia es purificada de toda mancha, arruga y cosa semejante. Este proceso tiene como resultado que ella sea la iglesia gloriosa la cual Cristo ha de presentarse a Sí mismo. 

En Su obra magnífica, el Señor usa las palabras que El habla como instrumento para volver la iglesia al propósito original de Dios… Dios usa Su [palabra] réma para llevar a cabo Su obra (La iglesia gloriosa, p. 60). 

Que día tras día busquemos Su palabra, reflexionando sobre ella hasta obtener Su hablar, aquel que necesitamos de manera personal y constante. Y que en nuestra experiencia aspiremos al mismo anhelo que expresa la amada al concluir el Cantar de los Cantares: “Oh tú que habitas en los huertos, / mis compañeros están pendientes de tu voz; / házmela oír. Apresúrate, amado mío” (Cnt. 8:13-14a). Entonces, seremos embellecidos y preparados como Su Novia.

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¡Dios ha hablado y sigue hablando!

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