La experiencia revelada en Apocalipsis que necesitamos hoy
Todos los creyentes compartimos el profundo sentir de que la era actual está por concluir y el regreso del Señor está muy cerca. Vivimos en la era del libro de Apocalipsis, la era de los siete Espíritus que arden para las iglesias (Ap. 1:4-5; 3:1; 4:5; 5:6). Es un tiempo privilegiado en el que tenemos la gran oportunidad de que nuestra vida tenga valor dispensacional. Agradecemos al Señor el rico legado de las generaciones pasadas que nos ha traído hasta aquí. Pero no podemos quedarnos allí: necesitamos seguir adelante y ser las personas que Él requiere para cerrar esta era.
El apóstol Juan es un modelo de esa clase de persona. Él conoció al Señor Jesús en la carne de manera muy personal. En su Evangelio se identifica como el discípulo “al cual Jesús amaba” y que se reclinaba sobre el pecho del Señor (Jn. 13:23, 25). ¡Qué experiencia tan personal e íntima! No obstante, Juan no se detuvo allí, sino que estuvo dispuesto a recibir una revelación fresca y sorprendente: vio al Jesús actual como el Hijo del Hombre en medio de los candeleros de oro (Ap. 1:10-13) y recibió todas las revelaciones y visiones contenidas en el libro de Apocalipsis (4:2; 17:3; 21:10). Se le mostraron cosas extraordinarias que jamás había contemplado antes.
¿Qué permitió que el apóstol Juan fuera completamente actualizado en su visión y experiencia? Primeramente, él estaba en el espíritu (Ap. 1:10), y segundo, él se volvió cuando escuchó la voz y vio algo nuevo (v. 12).
Volvernos a nuestro espíritu
"Yo estaba en el espíritu en el día del Señor" (Ap. 1:10a)
Todas las visiones presentadas en el libro de Apocalipsis son señales de carácter espiritual. Si deseamos verlas necesitamos estar en nuestro espíritu. Analizar este libro o simplemente estudiarlo de manera teológica no nos hace las personas que el Señor necesita. No es simplemente un asunto de entender intelectualmente con nuestra mente. Para ver las revelaciones de este libro y entrar en la experiencia práctica, todos necesitamos volvernos a nuestro espíritu y de una manera sencilla responder con un “¡amén!” a cada palabra de este libro. Mientras lo leemos, pidamos al Señor que Sus siete Espíritus nos lleven a toda Su realidad.
Estar dispuestos a dar un giro
"Y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta… Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro" (vs. 10b, 12)
Volvernos significa no aferrarnos a lo que hemos visto, aprendido o experimentado. Juan ya tenía cierta perspectiva, pero él no se quedó allí; se volvió para ver algo nuevo. Estuvo dispuesto a dar un giro, a ver las cosas desde un nuevo ángulo y perspectiva. Hoy, al igual que Juan, necesitamos un nuevo comienzo.
"Nunca piense que todo lo que hace falta es llevar una vida cristiana ordinaria día tras día, sin cometer ningún pecado grave. Debemos darnos cuenta de que cada vez que adoptamos esta posición, el plan eterno de Dios para nosotros no es nada más que doctrina y conocimiento. […] No debemos imaginarnos que todo lo que hace falta es ser salvos, sin anhelar nada más. Dios debe salvarnos de este nivel inferior de vida y mostrarnos el deseo de Su corazón" (W. Nee, La iglesia gloriosa, p. 127).
El Señor nos conceda Su misericordia para dejar a un lado cualquier logro del pasado (Fil. 3.7), conocimiento doctrinal o práctica tradicional y nos permita dar un giro de 180 grados para recibir una revelación actual de Su persona que nos impulse a un vivir nuevo y fresco en Él.
“Señor, al final de esta era, ¡intensifica en nosotros nuestro amor por Ti! Líbranos de conformarnos con el pasado y haznos vencedores que están al día contigo. Que podamos corresponder a Tu necesidad actual para Tu regreso. Amén".

